El día que Nina conoció a Escher

Estudio Actuación, y tengo una materia re bonita que se llama Procesos de la Comunicación Escénica, en la que básicamente, hacemos lo mismo que haríamos en Historia del Arte. Lo cual, desde mi punto de vista, es una chingonería.

Para calificar el primer parcial (sistema raro del demonio), en esta materia nos hicieron analizar una obra de Picasso, Dalí o Escher hablando de todos los elementos que deberíamos haber aprendido en clase.

No es que sea hater de Picasso ni nada, pero siento que su arte está demasiado visto (¡unfollows a mí!). Con Dalí ni me metí, todas sus obras tienen tantos simbolismos que estoy segura que hubiera terminado loca y bien malita de mi existencialismo.

Empecé a ver la obra de Escher. Ese artista holandés (errante [ Ja]) cuya obra siempre fue basada en mundos imaginarios y cosas matemáticamente imposibles. Prismas colocados de tal forma que proyectaban una  sombra irreal, cientos de escaleras encontradas, grabados de doble sentido, autorretratos creepys. Todos a la vez tan interesantes y tan “no sé cómo haré para plantear los elementos de la tarea”, hasta que me encontré con sus “Tres mundos”, la pintura más sencilla a blanco y negro.

La observé.  Un lago con un pez, hojas de distintos tipos flotando y el reflejo de tres árboles deshojados al fondo.

  ¿Qué es esto, Escher? ¿qué es tan importante para ti que cambias tus autorretratos extraños y tus fundamentos racionales por hacer un paisaje cualquiera?

Empecé a investigar.

El día que llevé la pintura a la clase para que el maestro la aprobara y diera una idea de cómo podíamos empezar, surgió el planteamiento religioso: los árboles simbolizan cruces, las hojas podrían ser la humanidad y el pez sería Cristo. O bien, los árboles como infierno, combinando en una sola pintura nuestros “tres mundos” conocidos: el infierno, la tierra y el cielo.

Escher pintó esto de tal modo que si era vista al revés, tenía todavía más sentido darle un significado religioso. Los árboles deshojados son el infierno, la ausencia de felicidad y de humanidad, ¡INFIERNO Y CONDENACIÓN! si no hacíamos algo para que el viento y la corriente no nos arrastraran según su voluntad, en lugar de luchar contra ellos y poder alcanzar a ese Cristo que huele a pez… ¡DIGO! Ese Cristo-pez.

Pero no. La cosa no es así, Escher nunca fue un hombre religioso, él tenía principios matemáticos que lo hacían un ser completamente racional.

Busqué elemento por elemento. El primero, naturalmente, fue el pez.

El pez es actualmente conocido por ser el símbolo que representa a Cristo,  sin embargo, antes de esto era el signo pagano del sexo y la fertilidad.

Pez, en griego Ichthys, era el hijo de la diosa del mar Atargatis; pasando por la simbolización de Afrodita (también conocida como la diosa del mar en algún momento) que era adorada por sus seguidores en viernes, lo cual hacía que en sus ritos se hicieran orgías y se comiera pez. En la mitología egipcia, existe una leyenda donde un pez se comió el pene de Osiris, provocando que el pez, fuera pensado como la vulva de Isis.

No sabemos si Escher conocía todos estos antecedentes, y siendo que ni los árboles ni las hojas eran un elemento representativo en las historias que acabo de nombrar, argumenté que en una obra de arte —u objeto estético— se tiene que cumplir la condición de que los signos sean interdependientes, es decir, que uno exista para explicar al otro. Dado que esta regla no se daba y que en las obras de artes no existen excepciones, pasé a formular mi siguiente teoría. (Estúpido pez lleno de simbolismos).

Seguí con los árboles y las hojas.

El árbol por fuerza tenía que ser uno que él hubiera visto en persona, recordemos que Escher murió en el ’72 y no existía Wikipedia ni Google para que pudiera buscarlo y hacer su litografía.

Empecé por buscar “árboles holandeses” *como nota cultural: qué chido es que Google entienda lo que busco con solo escribir 2 palabras*, y encontré lo que quería: uno originario de Holanda y Alemania, que había sido representativo del segundo en algún momento.  Touché. De ahí todo fue risa y diversión; el Tilo tiene el tronco tal como está pintado en la litografía, además, 2 de las hojas flotando en el agua pertenecen al mismo… WAIT! What? ¡¿Dos?!

Empecé a buscar árboles alemanes, quizás no tenía nada que ver con la nacionalidad del autor y algún suceso traumático de su infancia.

Y otra vez, touché. Otra de las hojas flotantes, era una hoja de roble. Got it?

Después de ver que el Tilo no era lo suficientemente alemán y no era un árbol que gritara “Ich bin Deutscher, strichjungen!”, se decidieron por el roble. Ese árbol de tronco fuerte que ejemplifica el espíritu alemán… ah sí, y debido a que es la principal especie forestal espontánea en su territorio también. La hoja de este árbol actualmente es utilizada por los alemanes como un distintivo militar, se utiliza para condecorarlos y el mayor reconocimiento que puede tener alguno de ellos es una medalla llamada “las hojas de roble en oro”, la cual, sólo ha sido concedida una vez.

¿Qué tienen que hacer hojas de roble en un paisaje donde, básicamente, no hay robles? ¿Donde solo debiera haber hojas de los árboles que se ven en el paisaje?

Y entonces llegó mi epifanía intelectual.

Considerando que esta litografía fue hecha en 1955, año en el que se firmaba el pacto de Varsovia y España y Austria se unían a la ONU, además de que se cumplían 10 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, todo tenía sentido. Las hojas de roble flotando en la nada no podían más que representar que el poderío alemán había terminado, Escher lo pintaba como un signo de victoria, de la representación de la podredumbre en la que se sumía Alemania desde ese entonces, la unión que hacía el mundo contra ellos y sus crímenes. Hasta ahí llegó mi reconocimiento.

Pasé muchas cosas por alto, cuando expliqué todo esto en la clase el maestro me interrumpió con un:

No, tonta, cuál pacto de Varsovia ni qué la chingada. Mira este pez, es japonés, ¿no? Representa al eje Roma-Berlín-Tokio, tiene que haber una referencia a Italia.

Y entonces comencé a darme de topes en la pared, ¿cómo pude pasar eso por alto? ¡el estúpido pez es japonés! ¡JAPONÉS! Cuando buscaba sus simbolismos, fue la primer referencia que me apareció, ¡Y la pasé por alto!

Como desesperada, me puse a buscar la referencia italiana: cuando las ramas de los árboles reflejados se entrelazan, forman figuras que parecen pinos, los cuales a su vez, son similarísimos a los cipreses italianos.

Además, los árboles, por su verticalidad, no sólo representan el infinito, ni el puente que une a la tierra con el cielo (lo cual sustentaría la teoría religiosa) sino el hecho de que parezcan cruces, sólo puede significar la cruz que portó la bandera de El Reino de Italia de 1861 a 1946.

Me sentía como Howard Carter cuando descubrió la tumba de Tutankamón, ¿quién antes de mí había descubierto todo este significado en esa pintura?

Sí fue una forma de venganza, de victoria, de decir: “mira lo estúpidos que parecen ahora, Eje”. Hasta que me asaltó la siguiente duda: ¿de qué son las dos hojas restantes?

Seguí buscando, una hoja sumamente parecida al maple, pero Canadá no tenía nada que hacer en ese cuento. Releí todos mis apuntes de Historia de la secundaria y de la prepa, estudié los países que lucharon al lado de los alemanes. Añadidos como Hungría, Rumania, Bulgaria y Eslovaquia, además de los “gobiernos títeres” y los adheridos por miedo como Irak, Irán, Tailandia, India, la Francia de Vichy [la cual está representada en la pintura por esa hoja que parece de maple y que en realidad es castaño, un árbol originario francés], la China de Nanking, Mengjiang, Birmania, Albania, Absinia y Finlandia. *Como dato cultural: también me parece lógico que tantos se hayan añadido a esta causa, estando tan cerca de ellos, era mil veces más fácil que fueran atacados a que si estaban en otro continente y debían cruzar un charco*

La única referencia que encontré, fue la del tilo rumano, el tronco de ese árbol representado ahí, esos 3 árboles iguales que claramente, ahora son Roma, Berlín y Tokio más que nunca.

Vencimos, Escher. Tú representaste su caída deshojándolos, dejándolos flotar en la nada y hundiendo al pez en lo más profundo del lago. Yo, saqué 10 en mi trabajo.

 

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